La semana pasada -que ciertamente empezamos con algo de tensión con Allende y Coelho- decíamos que a veces es muy importante hacer caso de las recomendaciones de los escritores, es decir, saber lo que leen tus escritores favoritos es una buena manera de elegir tus propias lecturas.
Y una cosa similar me ocurrió cuando leí un artículo de Rosa Montero en el suplemento cultural Babelia titulado "Nuevas y buenísimas" que decía, entre otras cosas, lo siguiente a propósito de la escritora que hoy nos acompañó el pasado domingo.
"Es tan aguda, tan afilada en su observación del comportamiento humano, que a veces tienes la sensación de estar asistiendo a una autopsia practicada en vivo. A una clase de anatomía patológica afectiva".
Y es que hoy hablamos posiblemente de unos de los libros revelación de este año en lo que a relato breve se refiere. "Los borrachos de mi vida" es un libro que contiene trece relatos cortos cuyos protagonistas son jóvenes que sufren, que tienen miedo y que están solos, que se enamoran pero pierden. Realidades que a veces duelen pero que también hacen reír de una forma ácida y tierna a la vez. Todo un abanico diverso es lo que nos ofrece esta "buena chica mala". Un libro que habla de hechos cotidianos bajo el barniz de una poética personal y original que ha sorprendido a casi todos los que han tenido la oportunidad de acercarse a alguno de estos relatos.
Empezamos hablando del relato "Cómo empaparte sin ver la lluvia" en el que el protagonista es un hijo cuyos padres de están divorciando. El relato explica todo ese sentimiento de culpa que le acecha. En un momento del cuento podemos leer "Por tu culpa no se han divorciado. Por tu culpa se están divorciando y así será mientras vivas". ¿Cómo escribiste el relato desde ese punto de vista tan personal?
NURIA LABARI: Bueno, es también mi relato favorito. Desde luego, es uno de los que más me gustan y por eso va el primero en el libro. Es un relato que está escrito en imperativo y es verdad que eso sorprende mucho. Pero el relato lo escribí mirando la realidad, viendo a un chaval en concreto que conozco bien, que es adolescente y sus padres se están divorciando. Me di cuenta de que además de que nadie le preguntaba nada, siempre a los adolescentes sus padres, sus profesores, la gente en general, les habla en imperativo: "Recoge tu habitación", "Haz esto", "Vete", "No salgas", "Estudia". Desde ese punto de vista fui construyendo esa realidad que es además compleja y ambigua. Llegué a ese imperativo observando y dándome cuenta de que a veces a los adolescentes se les trata como a los perros. A nadie se le ocurre darle órdenes de esa manera a cualquier otro adulto, pero a los chavales les pasa muy a menudo.
Creo que es una gran oportunidad para hablar con Nuria de los escritores noveles, de lo complicado que lo tienen para publicar. ¿A ti te costó bastante Nuria que te publicaran estos relatos, no?
N. L.- Bueno, yo perdí un montón de concursos...
Qué mal jurado...
N. L. - O qué buena competencia había, ¿no? También es verdad que yo me presenté con cuentos sueltos y más personales que no forman parte de un libro entero y que están fuera de contexto, no lo sé. Yo creo que es difícil publicar y a la vez no es difícil. Si decides escribir es una carrera de fondo. No puedes pretender publicar el primer relato que tú crees que es redondo, por ejemplo, el de "Cómo empaparte sin ver la lluvia" perdió un montón de concursos. Yo pensaba que era muy bueno y perdió concursos internacionales, los de asociaciones de vecinos, un montón... pero bueno, yo siempre digo que hay escritores con un manuscrito guardado en el cajón por publicar, pero no creo que haya escritores con cinco buenos manuscritos. Lo difícil es más escribir que publicar. Yo estaba preparada para guardarme este libro y estaba empezando a pensar en otro y hay muchos libros de relatos que se han publicado después de que sus autores publicaran otras cosas. Vila- Matas ha sacado hace poco relatos inéditos y eso pasa porque no sé si es tan difícil publicar como publicar por vez primera un libro de relatos.
Nuria es además profesora de Creación Literaria en la Escuela Contemporánea de Humanidades de Madrid. Y a mi me gustaría preguntarte Nuria si realmente existe alguna manera de enseñar a escribir, o más aún, si hay alguna manera de aprender a escribir.
N. L. - Al ganar el premio, ahora me dejan dar alguna clase de relato breve en la Escuela, pero yo primero fui alumno e hice el Máster de Creación Literaria allí. Y desde luego no te enseñan a escribir, nadie te da recetas pero sí a pensar. Esta es una Escuela que cuida mucho la mirada, te mandan a la calle con la libreta de notas a mirar, a mirar, con ejercicios divertidísimos, casi de espiar a personajes. A mí me cambió mucho el chip. Estamos muy poco acostumbrados en España a lo mejor a escuelas muy cualificadas de creación pero sí es muy común en Londres, en Nueva York. La gente que hace teatro estudia teatro y la gente que hace danza, estudia danza y parece que la gente que escribe no debe estudiar nada. Pero yo estoy en desacuerdo totalmente. Hay un montón de tendencias narrativas nuevas, hay gente que está haciendo relatos con los videojuegos, se estudian cosas alucinantes. Un escritor sí debe estar al tanto de lo que se hace en el mundo, porque no te da tiempo a leerlo todo ni a estudiarlo todo.
No sé si como el tópico apunta, tú crees que el relato breve es en la actualidad un género menor o goza de buena salud en la actualidad.
N. L.- Bueno, nada más llegar a la editorial me dijeron "no vas a vender nada porque el relato no se vende". Es como la poesía. No es un género menor para nada. Nadie considera que Pepe Hierro sea un autor menor, pero sí es cierto que se vende menos.
"Amapola blanca, súbete al coche" es una historia de amor imposible entre un crítico musical maduro y una adolescente que se conocen en el Festival de Jazz de San Sebastián. Y cuenta, sobre todo, el viaje final de ambos hasta Laredo donde finaliza la aventura del viaje, pero también la aventura amorosa. Hay ahí, en el final del relato, un juego temporal que consiste en saber cómo será su vida a partir de ese momento, ¿no? Sé que es una pregunta que posiblemente te habrán hecho ya, pero ¿hay elementos claramente autobiográficos en tus relatos? Lo digo no por curiosidad de lectora (que también) sino por esa descripción tan sumamente detalla de personajes, situaciones, etc.
N. L. - Bueno, pues yo al principio decía a esto que no. Pero si escuchas a mi padre, a mi madre y a gente muy cercana de mi familia, ellos no hablan de los títulos de los relatos, sino que dicen: "El relato donde salgo yo", "El relato donde sales tú", "Sí, ese relato que es de tu padre...". Y bueno no es que sea una biografía ni muchísimo menos, pero sí me sucedía que el territorio donde me sentía cómoda para escribir, el escenario, era Santander, aunque yo llevo viviendo años en Madrid. Creo que sí que pasa que en las primeras obras, necesitas escribir sobre algo que conoces muy bien. Entonces si yo quería contar un padre, sí cogía rasgos del mío, físicos, porque estaba cómoda y decía "esto es un padre segurísimo porque lo he visto". Y no es que a mí me haya pasado todo lo que cuento en el libro, pero si hay un coche, suele ser un coche en el que yo he subido. Obviamente escribir no es contar tu vida porque si no, queda una cosa horrorosa.
En nuestra "RONDA DE EDITORIALES", Fernando Varela, editorial de Lengua de Trapo nos recomendó una próxima novedad de la editorial, "La patria de todos los vascos" de Iván Zaldua.
"Es una especie de fábula que juega con la parte irracional del nacionalismo. Es la historia de un profesor vasco que acepta una beca para dar clase en Estados Unidos sobre cultura y literatura vasca. A partir de ahí, çel se da cuenta de que la asignatura no termina de enganchar a los alumnos y decide empezar a inventarse parte de la historia vasca. Lo que empieza como un pequeño juego termina convirtiéndose en todo un juego con la realidad."
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